Palabras de Juan Mari Brás al momento de dar sepultura a su hijo, Santiago Mari Pesquera

No pensaba intentar decir unas palabras esta tarde. Me lo impone un sentido de responsabilidad ante la historia que trasciende o debe trascender el torbellino de emociones que en estos momentos agita nuestra conciencia. Frente a la grandeza y trascendencia histórica de los mártires, no hay derecho ni siquiera a cobijarse en el inmenso cariño de la paternidad para negarle el adiós postrer a este mártir de la independencia patria, que llega aquí a juntar sus cenizas con las de Fefel y Raúl, con las de Albizu, Gilberto y De Diego y todos los que a lo largo de la historia han sembrado esa semilla que ya nadie puede detener, la semilla de la patria puertorriqueña.

Doloroso es, más que para nadie para su madre; doloroso es para su abuelo, doloroso es para sus hermanos, doloroso es para todos sus familiares , amigos y compañeros, este tránsito traumático resultado de la más abominable degeneración en sectores criminales de la especie humana.

Bien doloroso. Ya a nosotros no pueden causarnos un dolor mayor. Agotaron todos sus recursos. Ya no tienen en sus manos una manera de golpearnos más hondo. Y a Chagui, nuestro querido y tierno hijito, le decimos: Hijo, te recordaremos minuto tras minuto en el resto de esta lucha de todos nosotros, que será el resto de nuestras vidas. Mientras tanto, como si no le hubiésemos ofrecido suficiente a esta patria su madre, sus hermanos, su abuelo y el que habla, aquí dejamos, en la tierra del poema de Gautier Benítez, junto a Fefel y a Raúl, junto a los mártires de la patria, un mártir más.

Y nuestro único compromiso es transformar el martirologio en heroísmo. No es la venganza lo que puede animar los corazones de seres tan hondamente heridos, que no podrían satisfacerse con un sentimiento tan banal, pequeño y mezquino como la venganza. Solo cuando transformemos ese martirio en heroísmo, el pueblo entero, el pueblo amado de Puerto Rico por el que cayó Chagui, por el que han caído todos en esta jornada más que centenaria, levantará a los cielos el monumento de una patria nueva; de una patria hermosa, de una patria donde no puedan darse jamás crímenes como éste.