Un verdadero homenaje a Mari Brás

Esclarecer la muerte de su hijo sería la mejor forma de honrarlo
 
Por Benjamín Torres Gotay / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
12 de septiembre de 2010

Ni a nelson Mandela, quien pasó 23 años en las lúgubres mazmorras de la Robben Island por el abominable crimen de creer que todos los hombres y mujeres son iguales, ni a muchos otros que, a lo largo de los siglos han consagrado sus vidas al destino de sus pueblos, les costó tanto su lucha como a Juan Mari Brás.

La vida de Mari Brás como dirigente político es harto conocida y el que lo haya olvidado tendrá en estos días oportunidad de sobra para refrescar la memoria. Pero, hay otro evento fundamental en su vida, que también ha venido mucho a la memoria ahora que, a causa de su muerte, se le da una mirada panorámica a su vida.

Se trata de lo acontecido el 24 de marzo de 1976, en la carretera #1 entre Río Piedras y Caguas, y lo que esto dice sobre el carácter de Mari Brás. Allí, en esa fecha, fue asesinado a tiros Santiago Mari Pesquera, uno de sus hijos. Tenía 23 años, era piloto de aviones de carga y militaba en movimientos estudiantiles.

Pero no fue por nada de eso que se le asesinó.

Se le asesinó por ser hijo de Mari Brás.

En aquel momento, Mari Brás dirigía el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP), que era, entonces, una organización vibrante, con comités en muchas comunidades de la Isla y que había penetrado todos los movimientos que representaran una impugnación de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos.

El PSP, además, en plena guerra fría, mantenía estrechas relaciones con Cuba, con buena parte del bloque soviético y con gobiernos populares y subversiones de talante izquierdista en todo el planeta. En fin, el PSP y Mari Brás eran un genuino dolor de cabeza para mucha gente.

Desde el primer momento, se sospechó que la muerte de Mari Pesquera era una represalia contra su padre. En aquel tiempo, Mari Brás y su familia “habían sido objeto de múltiples amenazas y atentados, incluyendo la colocación de artefactos explosivos en sus residencias y automóviles”, dice la Comisión por la Verdad y la Justicia, un organismo independiente que hace campaña en favor del esclarecimiento del crimen contra Mari Pesquera y otros independentistas, muertos durante la década del 70.

Por la muerte de Mari Pesquera, fue enjuiciado y encontrado culpable Henry Coira Story, un joven paciente mental. Pero se sabe que no actuó solo. En 1984, una investigación del Departamento de Justicia así lo confirmó. Pero nunca se han identificado, ni mucho menos arrestado, a los demás responsables del crimen.

La muerte de Chagui, como le conocían sus cercanos, fue un golpe que sacudió profundamente a Mari Brás, que pagó así la lucha, siempre legal y siempre leal, que durante toda su vida dio por sus creencias.

“Ya a nosotros no pueden causarnos un dolor mayor. Agotaron todos sus recursos. Ya no tienen en sus manos una manera de golpearnos más hondo”, dijo, en la despedida de duelo de su hijo.

A lo largo de los años, Mari Brás siempre mantuvo que la muerte de su hijo fue el momento más difícil de su larga lucha y que no pasaba un día sin que pensara en él. No obstante, no se dejó seducir por el recurso fácil del odio ni el ánimo de venganza y así lo estableció en la misma despedida de duelo: “No es la venganza lo que puede animar los corazones de seres tan hondamente heridos, que no podrían satisfacerse con un sentimiento tan banal, pequeño y mezquino como la venganza”.

La investigación sobre la muerte de Mari Pesquera ha languidecido por décadas en los laberintos burocráticos del Departamento de Justicia, víctima de fuerzas siniestras que han logrado, con éxito, que no se sepa la verdad, de la misma manera en que se ha impedido que se procese a los asesinos del agente de viajes cubano Carlos Muñiz Varela, asesinado el 30 de abril de 1979, según se cree, por personas del mismo talante de los que perpetraron el crimen contra el hijo de Mari Brás.

Los sospechosos de ambos crímenes han estado identificados por décadas, pero nunca se ha hecho nada para que paguen. Algunos murieron sin haber tenido que responder nunca preguntas sobre la sospecha que siempre los siguió como la peste a un cadáver.

Sería un gran homenaje a la vida de un hombre gentil, justo y honesto como lo fue Mari Brás dar ese último paso que falta para el esclarecimiento definitivo del crimen que se cometió contra él y contra su familia y aunque sea en el más allá, si es que hubiera un más allá, pueda sentir la paz que sólo da el saber que, aunque tarde, se hizo justicia.

 

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