Santiago Mari, lástima conocernos luego te derribaran tan criminal y de repente

Por Olga Nolla

Estos muros antiguos que me cercan
saben más del dolor humano ante la muerte
que mi propia memoria aún tan inexperta;

pero el rostro infinito de esa mujer,
sobre el cadáver de su hijo inclinada
y susurrando una canción de cuna
al viento y a la sal y a la piedra
que permanecerán después quién sabe hayamos
accedido al olvido,

el rostro de esa mujer es mi voz esperando
desde las esquinas y dobleces del tiemppo disponible,
su pena sin palabras es mi pena
anticipándose en la historia,

pues no hay mujer ni hombre que hoy no cargue consigo
la herida larga y líquida
que provocó ese disparo a quemarropa
sobre la sien de un hermoso y limpio joven de 24 años.