Elegía a Santiago Mari Pesquera

Por José Manuel Torres Santiago

Por aquí vino la muerte
vestida de gongolí
que yo la vi ay que yo la vi
cuando en la zarza cimera
la vida dijo que sí
que yo la oí que yo la oí
se cortaba la paloma
su cantar moriviví
que yo la vi ay que yo la vi.

Cruzaron aguas cantando
las torrentes de los ríos
y de sus vientres trovaron
los guijarros conmovidos
fuegos de luna y albahaca
en el silencio perdido
que al criminal azotaba
loco de cieno y de vino

Ay porque la muerte llega
y la muerte desdora
al que la muerte usa
contra un pueblo que llora
pero qué saben estos
asesinos de la vida
estos asesinos
qué saben de ese árbol
que en la rosa enamora
o de ese azul que iergue
el mar en su sentido
de luz hacia un camino
de arcoiris y aurora
y qué saben de la sombra
desterrados carontes
de enmarismada estigia
padrastros del cuchillo
hijastros de la fiera
luzbeles de la insidia
iscariotes lebreles
que cruzan ataúdes
de silencio y espina
qué saben de las manos
de ese tierno destino
que en el monte amanece
de ruiseñor y trino
y qué saben del grito
que esparce aldebarán
en huracán de luz
cuando la muerte es rito.

No pueden los asesinos
contra la inmensa batalla
de un pueblo que rosas canta
cuando la muerte es canalla

Esas innobles pistolas
de la muerte sin futuro
no podrán el fuego puro
de las rojas amapolas.

No hay muerte simplemente
no hay muerte sabedlo caínes
no hay muerte sabedlo erinias
no hay muerte

No hay muerte porque enamora
la luz de un amanecer
y el hijo que al perecer
en el albor de la aurora
sabe que la muerte llora
al fruto que va a nacer.